Tiempos de pandemia

Todas estamos viviendo una situación excepcional. Hace 8 meses, en un ranking de sucesos que hagan temblar los cimientos de la sociedad, la pandemia ocuparía el último lugar por detrás de un terremoto devastador, un tsunami, un incendio, la desertización o una terrible sequía que nos transformara en personajes de “Mad Max”.

Pero resulta que aquí la tenemos, que a todas nos pilla desprevenidas y a todas nos queda grande.

En estos momentos de crisis, la información, pasa a ser uno de los pilares fundamentales y la forma de transmitirla marca la diferencia entre el equilibrio y el caos. Que conste que hablo de la información “de verdad”, la información de fuentes fiables y datos contrastados, no de la infinidad de bulos y titulares mal logrados y oportunistas que se van haciendo hueco por ahí.

Ese pilar fundamental en el tema de los animales está generando incertidumbre y confusión, aunque no hay que perder de vista que se haya tenido a bien considerar a los animales en este proceso, consideración sin precedentes, que ha pasado desapercibida y que, sin embargo, marca un punto de inflexión en la historia de nuestro país. Pero ese es otro tema que da mucho de sí y que trataremos en otro artículo. Retomamos “el ahora”.

El pasado 14 de marzo, cuando oficialmente entrábamos en Estado de Alarma y se decretaba un aislamiento de la población quedando prohibido salir a la calle, los que convivimos con animales o tenemos algún vínculo de responsabilidad con ellos, quedamos en estado de shock. Una de las justificaciones que permite el libre movimiento de circulación del Real Decreto es “por fuerza mayor” o “situación de necesidad”.  Y lo recoge en su artículo 7, apartado g)

Evidentemente para nosotras el hecho de llevar al animal al veterinario, sacarlo a pasear o alimentar a las colonias felinas urbanas es una causa de fuerza mayor o situación de necesidad, pero; ¿y para el gobierno o para esa parte de la sociedad que no comparte el mismo punto de vista, lo sería? Pues no todas.

Empezó el revuelo:  las preguntas, las dudas, las imposiciones y prohibiciones de quienes, sin ningún fundamento y sin haberse preocupado de leer el RD sentían estar en posesión de la razón.

Aún a día de hoy la ciudadanía tiene dudas sobre este tema, sobre todo en lo que se refiere a la alimentación de las colonias felinas.  Estas dudas están generadas por la información contradictoria que nos hacen llegar por distintas vías.oficiales las distintas instituciones y departamentos competentes.

Hago un inciso para aquellas personas que ya han empezado a pensar que los gatos no necesitan ser alimentados porque saben buscarse la vida. Decirles que posiblemente tengan razón y muchas de esas colonias tengan recursos suficientes como para que los gatos puedan autoabastecerse, pero la realidad es otra, la realidad es que han sido acostumbrados a disponer de pienso de manera regular y romper esa rutina de golpe y sin protocolo previo, lo único que va a provocar es que se dispersen errantes por las calles de la zona en busca de comida. Teniendo en cuenta la emergencia sanitaria siempre será más precavido tener controlado un único desplazamiento de una única persona capaz de tomar medidas de prevención y sobre todo que con una única acción va a ser capaz de evitar muchos desplazamientos incontrolados, casi invisibles, rebuscando comida por todas partes y dando lugar a situaciones que para muchos no pasen desapercibidas y resulten molestas.

Sin lugar a dudas es un tema que por el bien de todas las partes implicadas de debería ser tratado y regulado, pero no en estos momentos.  Las alimentadoras, lo queramos ver o no, ahora mismo juegan un papel importante que debería ser respetado y apoyado por todas.

Desde las redes sociales del Departamento General de los Derechos de los Animales, Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, publican una hoja informativa en la que enumera las acciones que sí se pueden realizar durante el periodo de aislamiento con respecto a los animales. Alimentar a las colonias felinas es una de ellas.

Esta imagen corrió como la pólvora gracias al esfuerzo de asociaciones, particulares y profesionales del sector.

Desde ese mismo momento todas las “alimentadoras” emprenden su ruta diaria por las colonias con la hoja impresa en el bolsillo para salvaguardarse de sanciones o situaciones comprometidas con las fuerzas del Estado.

Pero lo cierto es que en el texto del Real Decreto 463/20202, de 14 de marzo no hace referencia ni al paseo de los perros, ni a la alimentación de las colonias, ni tan siquiera a los albergues o traslados al veterinario.

El papel que llevamos impreso en el bolsillo, no es más que eso, un papel.

Siguen las llamadas de atención a los paseantes caninos y a las alimentadoras y los municipios siguen sin autorizar a las asociaciones el acceso a los parques municipales clausurados por prevención, en los que viven colonias de gatos que, por desgracia, dependen del humano.  Lo mismo pasa con otras especies que en busca de alimento provocan situaciones cuanto menos curiosas, como pavos reales por las calles de Madrid o cerdos vietnamitas por las de Barcelona. Para esto, los gatos son más discretos.

En resumen, nos encontramos con ciudadanas empoderadas con un papel que no sirve de nada ante los ojos de concejalías de Sanidad y Policías que no contemplan la alimentación de los gatos, ni los paseos de los perros como “una fuerza mayor” o “situación de necesidad”.

Siete días de denuncias sociales y reivindicaciones después, en distintas poblaciones, otro giro de tuerca augura un frenético día de notificaciones y mensajes.

 El día 21 de marzo, se publica en el BOE la instrucción del Ministerio de Sanidad donde se establecen nuevos criterios interpretativos en la gestión de los animales durante el periodo de Estado de Alarma, detallado en el punto segundo, dice:

“Entre las actividades permitidas en el mencionado artículo no se encuentra expresamente el desplazamiento de las personas cuya finalidad sea la alimentación, el rescate y el cuidado veterinario de los animales domésticos que habitan en los espacios públicos urbanos, cuando esta actividad no se realice en el marco de una prestación laboral, profesional o empresarial. No obstante, para prevenir un impacto negativo en la salud pública, cuando esa actividad viniera desarrollándose con carácter voluntario por aquellas entidades debidamente acreditadas al efecto por las administraciones locales, aquéllas podrán seguir desarrollando esta actividad, en aplicación de lo dispuesto en el artículo 7 h), al entenderse que en este supuesto el carácter voluntario de la prestación resulta análogo al carácter laboral, profesional o empresarial. Estos desplazamientos deberán realizarse individualmente, y por tanto la correspondiente documentación acreditativa.”

“Se abre juego señoras…”

Vaya por delante que considero que así es como debiera ser pero lo cierto es que estos criterios no se ajustan a la realidad. Lo que nos vienen diciendo es que como particular sigues sin poder alimentar. Se delega la alimentación de las colonias en las voluntarias de las asociaciones del municipio que, ya antes del Estado de Alarma, realizaran esta función. Estas asociaciones deben ser acreditadas por la administración de su municipio.

Esto sería viable si, por norma, todos los ayuntamientos se hicieran cargo de su responsabilidad sobre la gestión de los animales, pero la realidad es que estos son los que menos.

Abundan los que todavía en sus ordenanzas recoge la prohibición expresa de dispensar alimento a gatos y palomas.  Pero a pesar de esta prohibición, a las colonias se les alimentaba. ¿Podrían estas personas seguir alimentando como vienen haciendo desde hace años o se va a permitir que estos ayuntamientos ignoren la realidad y se acojan a sus ordenanzas para justificarse? Deberían hacerse cargo y tomar medidas excepcionales en esta excepcional situación.   Ahora esas alimentadoras se exponen a dos sanciones, la de la alimentación y la de “libre circulación”.

La otra realidad es que el 90% de las “alimentadoras” son particulares y, además, escurridizas. Y son escurridizas porque los municipios que han quitado la prohibición de las ordenanzas, no lo han hecho hace mucho y la mayoría se mantienen escépticas a ese cambio y no siempre se adaptan a las pautas de gestión de una asociación. (Que les vamos enseñar nosotras a ellas?). Al fin y al cabo, llevan muchos años siendo perseguidas y tratadas como delincuentes por alimentar gatos, es de entender.

Su situación debería haber sido contemplada hace tiempo en sus municipios y no se ha hecho, dentro de lo malo, quizá sea un buen momento para acercar posturas.

Pero tampoco se cuenta con ellas y se quedan en el limbo del RD.

Después están los Ayuntamientos “ninis”: ni prohíben, ni regulan. Qué decir, pues la ciudad sin ley. Como tampoco tienen constancia previa de las asociaciones que se encargaban de esta tarea, sus colonias también quedan fuera de la garantía de ser provistas de alimento o las alimentadoras también quedan expuestas a ser sancionadas según convenga.

San Vicente del Raspeig está en esta situación, pero en esta ocasión, aunque no han informado de la iniciativa a la ciudadanía como vienen haciendo el resto de concejalías desde que estamos en esta situación, nos consta que han tomado la loable y correcta decisión de facilitar justificantes a las alimentadoras respaldadas por dos asociaciones.

Poder contar con el apoyo municipal en estos momentos es de agradecer y genera optimismo entre las personas que llevamos años trabajando para la normalización de la convivencia con los animales en la sociedad. Sin duda actuaciones así sólo merecen que muestras de apoyo y la esperanza de que se siga trabajando por ese camino.

Tampoco quitar mérito a las alimentadoras de este municipio que desde luego han demostrado saber defender el bienestar de las colonias.

Y podríamos seguir con probabilidades de gestión que se genera con el trío alimentadoras-colonias-ayuntamientos, pero no acabaríamos.

Sí que sería injusto terminar sin nombrar a los ayuntamientos que lo hacen bien, que los hay. Para estos es para los que las interpretaciones del RD son ajustadas. Ayuntamientos que son consecuentes con la realidad y se hacen responsables de sus obligaciones atendiendo las necesidades de los animales, pero cuidando cuales son los criterios con los que se actúan sobre ellos. Es decir, trabajando de la mano de asociaciones que previamente han mostrado su valía y capacidad de actuación. Un municipio donde no esté permitido gestionar bajo libre criterio, pero en el que todas las personas que quieran seguir teniendo un estrecho vínculo con las colonias reciban una formación que fomenta una línea de trabajo respetuosa con la naturaleza y el espacio de los gatos ferales y su entorno.

La conclusión sobre la actuación del Departamento de Los Derechos de los animales y el resto de administraciones competentes podría ser que pinta bien la casa en los planos, pero se está empezando por el tejado.

Los criterios interpretativos que figuran en el RD tienen un enfoque válido y coherente pero no acogen a la mayoría de modelos de gestión actual. Más bien están dirigidos hacia una sociedad en la que la normalización de la convivencia con los animales en un entorno humano tendría que ser generalizada, donde la homogeneidad en la responsabilidad de las administraciones municipales, sobre los animales, sea lo normal. Están hechas para el modelo social por el que peleamos desde este colectivo que defiende sus derechos y para las que actualmente no deja de ser un objetivo más.

Pero la realidad es que deja desamparadas a infinidad de personas que cuidan de infinidad de colonias porque viven en infinidad de municipios en los que todo esto les da infinitamente igual.

QUE TODO EL MUNDO SE ENTERE...
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1 comentario

  1. Me parece de gran coherencia y lo apoyo totalmente.

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