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LOS VETERINARIOS DEBERÍAN SER GRATUITOS.

LOS VETERINARIOS DEBERÍAN SER GRATUITOS.

No sé exactamente cuál es la relación que encuentra la gente entre ser veterinaria o veterinario y tener que trabajar gratis. Se suele alegar que quien hace esa carrera la tiene que hacer por vocación y no por profesión. En mi opinión, tan sólo insinuar algo así, se falta al respeto de las miles de veterinarias/os que ejercen dignamente su profesión y a los que, llamadme loca, lo que les estamos reclamando es que, por norma, no deberían perder su tiempo en intentar llevar un plato de comida a su mesa pudiendo usar ese tiempo en salvar “tu” mundo de la protección animal.

Todavía no he conocido a nadie que, gato recién rescatado en mano, entre en una ferretería y exija que le den 100 euros para poder atender al animal. O a una tienda de ropa de bebé reclamando el coste cero en cualquier prenda al tener un hijo que, además de ser adoptado, ya le ha acarreado más gastos de lo previsto. ¿Por qué nos parece desconsiderado hacerlo en una ferretería y no en una clínica veterinaria?

Cuando el ser humano se enfrenta a una situación que no controla, una situación provocada por el mismo al no haber estudiado previamente las posibilidades de viabilidad, tiende a buscar culpables que justifiquen su incapacidad de solventar la situación. Así consigue el ser humano dormir tranquilo cuando algo no va bien. Así funcionamos. Y aquí son los veterinarios quienes cargan con todas las culpas. Un problema de enfoque diría yo. A todos los niveles de la protección animal hay un inconveniente con el concepto “adquirir la responsabilidad”, que se suele confundir con “yo hago la buena acción, pero el “marrón” que lo gestionen los demás.”

No llegamos a entender que si rescatamos a un animal en situación de riesgo, la decisión la tomamos nosotras. La responsabilidad es nuestra. Y no podemos hacerlo pretendiendo que recaiga en los demás. Ni los veterinarios ni las asociaciones son fuentes de recursos infinitos que estén a nuestra disposición. La vocación de cada uno es cosa de cada uno, y cada uno debería tener derecho a decidir hasta qué grado se quiere implicar, sin juicios ni condenas, por muy veterinario que sea. A todas esas personas que descargan su impotencia en una profesión que no siempre es digna de admirar, les recuerdo que todas las corridas de toros, que cada año se celebran en este país, están respaldadas por licenciados en veterinaria que afirman que el toro disfruta mientras es torturado hasta morir. Y se sienten orgullosos de ello. Con este ejemplo queda demostrado que la vocación va en el individuo y no en la profesión.

Esto no significa que no existan responsables en la precaria situación de los animales que habitan las calles. Pero no podemos ir a lo fácil, a la cara visible que nada tiene que ver. Son los ayuntamientos los últimos responsables del bienestar de los animales que habitan los municipios. Y de los ayuntamientos depende que tengan un trato digno o incierto. Pero en esta lucha pocos se meten, nadie vierte su rabia y su impotencia en los verdaderos culpables, en los que permiten que la gestión de sus animales enriquezcan a los directores de los albergues dejando en un tremendo desamparo a los animales que allí van a parar. Y con tú dinero.

Nos resulta inhumano que un profesional veterinario emita una factura por haber atendido a un animal a las tres de la mañana, al cual él no decidió rescatar, invirtiendo material, conocimientos, tiempo y dedicación mientras tú ya has invertido tu dinero en forma de impuestos para que ese animal pueda ser atendido dignamente las 24h del día los 365 días del año en el albergue municipal.
Vamos a lo fácil por incoherente que sea la postura que adoptamos. Nos posicionamos en la actitud que no requiere una implicación adicional. Parece que en realidad no queramos solucionar el problema, y todo por no entender el concepto “adquirir responsabilidad”. Responsabilidad para con un animal rescatado es ser capaz de atender toda su trazabilidad, entender que debemos ser capaces de hacernos cargo de sus necesidades durante el tiempo que sea necesario hasta encontrar un responsable final. Durante todo el tiempo necesario. Responsabilidad es ser conscientes de que, si decidimos hacernos cargo, toda tu rutina va a cambiar. Que rescatar a un animal no es lo bonito que se ve en las publicaciones de las redes sociales. Que rescatar a un animal puede suponer desestabilizar el día a día de los que ya viven en casa. O que su comportamiento no sea el ideal para tu estilo de vida.

Rescatar a un animal puede suponer tener que esperar meses y meses a que alguien pregunte por él. Responsabilidad es tener en cuenta que puede estar o caer enfermo y que le debemos atender. Responsabilidad es cubrir sus necesidades sin que recaiga la culpa en los demás. Ser responsable supone tomar la difícil decisión de que si no puedes cumplir con todo lo que acarrea, no debes arriesgarte a empeorar la situación del animal. Que si necesitas pedir ayuda, pídela antes de hacerte cargo de él. Ser responsable supone no permitir que los verdaderos culpables descansen hasta involucrarse de verdad. Exigir a las instituciones que su gestión no sea la culpable del sufrimiento animal. Que se vele por ellos de verdad.

El colectivo veterinario es una pieza esencial en el engranaje de la protección animal. No precisamente como cheques en blanco para trabajar sin cobrar, si no como fuentes de información y educación en el bienestar. Valorar y respetar esa labor es fundamental. Es imprescindible entender que la situación de los animales que viven en la calle es un problema social, un problema de todos. Si lo haces individual, hazlo con todas las consecuencias. No los desampares, no nos centremos en el individuo sin trabajar por el total.

Artículo originalmente publicado en el diario digital pregoner.es, gracias por habernos dado voz en vuestro espacio. Hasta siempre.

Publicado el:20 febrero, 2020MAr Puig

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